Ana María Villablanca.
Directora de Alistamiento Operacional | Chuquicamata Subterránea.
Ana María Villablanca no habla de minería desde la teoría. La vive, la lidera y la entiende desde el terreno. Desde ahí, construye una convicción que trasciende lo técnico: comprender la minería es, en buena medida, comprender el país.
Su historia no comienza en la operación, pero sí en una decisión temprana que define su carácter. La oficina no era suficiente. Faltaba algo más concreto, más real.
“No me gustaba mucho la oficina… necesitaba más terreno.”
Lo que vino después no fue un ajuste menor. Fue una decisión.
“Renuncié… y me fui a estudiar inglés a Australia.”
No como una pausa, sino como preparación: una forma de volver mejor equipada a una industria exigente, donde el acceso no es inmediato. Al regresar, postula al programa de graduados de Codelco. Queda seleccionada. Más que un logro, es una señal: el camino elegido tenía sentido.
Desde entonces, su trayectoria toma forma en terreno.
“Full terreno… yo estaba fascinada.”

Botas, recorridos, inspecciones, túneles, estabilidad de roca. La ingeniería deja de ser abstracta y se vuelve consecuencia de lo que ocurre en tiempo real.
“Te ponías las botas y a terreno… era todo el día caminando, inspeccionando túneles.”
Ahí se construye su mirada. No desde el escritorio, sino desde la experiencia. Y también desde la observación, porque uno de los puntos más críticos que ella plantea no nace de la teoría:
“La minería hoy enfrenta un desafío estructural: cerrar la brecha entre diseño y operación.”
Una parte relevante de la ingeniería —explica— se desarrolla lejos de la operación, muchas veces en Santiago. Esa distancia no es menor: es estructural. Por eso insiste en algo que define su forma de trabajar:
“Para mí es fundamental sentarte con tu equipo, conversar con ellos y entender, y de ahí partir toda la lógica de ingeniería.”

No es romanticismo. Es método. Entender antes de proponer. Escuchar antes de diseñar. Porque cuando eso no ocurre, las soluciones fallan. Lo explica con un ejemplo concreto:
“Si no vas a terreno y no conversas con las personas que viven el problema —como el origen del polvo en suspensión—, es muy probable que termines diseñando soluciones genéricas que no van a funcionar en la práctica.”
No es solo un problema técnico. Es de origen, frecuencia, contexto. De comprensión.
Esa misma lógica se extiende a la cadena de valor. Proveedores que llegan con soluciones estandarizadas, sin haber estado en terreno, sin haber visto la operación. Por eso la exigencia es clara: hay que ir, ver y entender. Sin eso, no hay solución real.
Pero su liderazgo no se construye solo desde la exigencia técnica. También desde la relación con las personas. Durante la conversación, las interrupciones del equipo forman parte natural del ritmo: consultas, confianza en sus decisiones, validaciones. Ella responde a todos, retoma y continúa. No es una excepción. Es su forma de trabajar.
Porque liderar en minería implica estar presente y conocer a quienes hacen posible la operación.
“Uno tiene que conocer la cultura de su equipo.”

Esa cultura —plantea— es poco comprendida fuera de la industria, donde predominan perfiles prácticos, directos y enfocados en la resolución de problemas.
“Las personas en terreno buscan soluciones simples, seguras, confiables y que funcionen a la primera.”
No es simplificación, es foco en eficiencia operacional. Diseñar soluciones que funcionen en terreno implica incorporar variables que muchas veces quedan fuera del proceso de ingeniería.
“Cuando esa conexión no existe, se generan brechas que explican por qué ciertas prácticas se mantienen más tradicionales: no por resistencia al cambio, sino por falta de alineamiento entre el diseño y la realidad operativa.”
En ese punto, su mirada se amplía. Ya no es solo operación. Es cómo se diseña la minería y cómo se conecta —o no— con la realidad.
“Hoy, desde mi rol en alistamiento operacional en Chuquicamata Subterránea, mi foco está en asegurar que los proyectos se traduzcan efectivamente en operación. Es decir, que la inversión se convierta en producción real, cerrando brechas y alineando a los distintos actores del sistema.”

Su experiencia como mujer aparece desde lo concreto. No desde el discurso. Recuerda cómo durante mucho tiempo aspectos básicos como la ropa o los servicios no estaban pensados para mujeres. No como denuncia, sino como evidencia de una industria que ha ido adaptándose.
Hoy, su lugar no se define por eso. Se define por su trayectoria, su conocimiento y el respeto construido en terreno, en equipos exigentes, donde el liderazgo se valida en la práctica.
Pero si hay un punto donde su discurso alcanza mayor profundidad, es cuando la conversación se abre hacia la industria y el país.
“La minería aporta mucho más de lo que la gente cree.”
El problema —plantea— es que ese aporte no logra ser comprendido.
“No sabemos comunicar lo que hacemos.”
No es una crítica hacia fuera. Es una autocrítica. Una industria eficiente produciendo, pero menos efectiva explicándose. Esa brecha genera distancia. Y en esa distancia, se forman percepciones que no dialogan con la realidad.
Su mirada se proyecta.
Su mirada se proyecta más allá de la operación.
“No podemos permitir que un ciclo alto del cobre nos vuelva a encontrar sin preparación como país.”
Aparece entonces la escala país: formación, institucionalidad, educación, aprobaciones y cadena de valor. Factores críticos para que la minería impulse crecimiento sostenible.
La conversación toma profundidad.
“Son temas sobre los que vale la pena reflexionar.”
No como ejercicio abstracto, sino como necesidad. Porque su trayectoria —desde esa decisión inicial de salir a buscar su camino hasta su rol actual— responde a una misma lógica: entender para hacer mejor.
Ana María no disimula el disfrute por su trabajo. Durante nuestra conversación reconoce con claridad el privilegio que siente al formar parte de una industria que considera esencial para el desarrollo de Chile. Sabe que su labor tiene impacto, y esa conciencia —la de contribuir desde dentro a una actividad que transforma al país— es también lo que la impulsa a levantarse cada día con entusiasmo. Pocos pueden decir lo mismo.
La historia de Ana María Villablanca no es la de alguien que llegó a la minería por inercia. Es la de alguien que la eligió, la recorrió y la entendió desde dentro. Y hoy, desde ese lugar, plantea un desafío que trasciende a la propia industria: si la minería sostiene a Chile, entonces Chile también debe aprender a comprenderla.

Sobre Ana María Villablanca
Directora de Alistamiento Operacional | Chuquicamata Subterránea
Ana María Villablanca es ingeniera con trayectoria en proyectos de minería subterránea y gestión operacional. Actualmente lidera procesos clave en el alistamiento de Chuquicamata Subterránea, uno de los desarrollos más relevantes de la minería chilena.
Cuenta con un MBA de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, y ha participado en iniciativas estratégicas vinculadas a la preparación y puesta en marcha de operaciones complejas.
🔗 LinkedIn: https://www.linkedin.com/in/anamariavillablanca/

